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Vidrio · Identificación

¿Este vidrio es templado o recocido?

Busca primero el marcado. Si no lo hay, mira a través de la luna con ángulo rasante y gafas de sol polarizadas: el templado enseña manchas o franjas oscuras, el recocido no enseña nada. Lo que viene debajo es la misma pregunta hecha de cinco formas, por el orden que conviene hacerlas: primero la más barata y la que no rompe nada.

Las cinco comprobaciones, por orden

El orden es el consejo. Casi todo lo que hay escrito sobre esto las enumera como si valieran lo mismo, y eso no sirve delante de una luna: la prueba que todo el mundo recuerda es la que la destruye, y la que responde en cuatro segundos es la que nadie hace primero.

  1. El marcado permanente

    El vidrio templado de seguridad puesto en el mercado europeo conforme a UNE-EN 12150-1 lleva una marca indeleble —arenada, grabada o serigrafiada, casi siempre en una esquina— con la norma y el fabricante. El laminado conforme a UNE-EN 14449 se marca igual. Es deliberadamente discreta, así que se esconde detrás de junquillos, gomas y perfiles: si la luna ya está colocada, repasa el borde de vidrio visible con una linterna antes de dar por hecho que no hay nada.

    Si hay marca, se acabó la duda. Que no la haya no demuestra lo contrario: puede estar tapada, ser una luna antigua, o venir de fuera del marco de marcado. Pasa a la comprobación dos.

  2. Luz polarizada, la que merece la pena saberse

    El temple consiste en enfriar deprisa las dos caras mientras el núcleo sigue caliente, lo que deja las caras comprimidas y el núcleo en tracción. Esa tensión congelada vuelve el vidrio birrefringente, y el enfriamiento no es perfectamente uniforme: los rodillos sobre los que viajó la luna dejan detrás un patrón regular de tensiones.

    Ponte unas gafas de sol polarizadas, colócate de forma que la luna refleje el cielo o una superficie clara, y mira a través con ángulo rasante. El templado enseña manchas, motas o franjas paralelas —lo que en el oficio se llaman marcas de temple o manchas de leopardo— que se desplazan al mover la cabeza. Girar la cabeza noventa grados las hace aparecer y desaparecer, y así es como distingues el patrón de la suciedad. La pantalla de un móvil o de un portátil sirve de fuente de luz en lugar del cielo, porque ya está polarizada.

    Manchas o franjas = templado, o al menos tratado térmicamente. Una luna limpia y sin patrón es, casi con seguridad, recocida. No destruye nada, no necesitas comprar nada y funciona con el vidrio ya colocado.

  3. Los cantos y la planitud

    Todos los cantos, taladros y escotaduras hay que terminarlos antes de meter la luna en el horno, así que el templado tiene los cantos trabajados: matados, pulidos o rectificados, nunca en bruto. Un canto vivo recién salido del cortador, con la línea de corte todavía legible, es recocido. El templado además sale del horno algo menos plano de lo que entró: una comba suave y la ondulación de rodillos cruzando la luna, que se ve como un reflejo rizado de cualquier línea recta, un marco de ventana o un fluorescente.

    Canto vivo = recocido. El canto trabajado es compatible con el templado pero no demuestra nada por sí solo: se pule mucho vidrio recocido para baldas y encimeras.

  4. Lo que le han hecho después

    El templado no se puede cortar, taladrar ni repasar. Rayar la superficie libera de golpe todo el equilibrio de tensiones y la luna se deshace en la mesa. Así que la historia de la pieza es una prueba: si alguien la recortó para que entrase, la taladró para un tirador o le rebajó una esquina en obra y sobrevivió, no es templada.

    La cortaron en obra, luego es recocida. Es la comprobación que más veces explica una luna que "debería" ser templada y no lo es.

  5. El patrón de rotura: concluyente y destructivo

    El templado rompe en fragmentos pequeños, casi cúbicos y de aristas romas, de golpe y en toda la superficie. El recocido rompe en lascas largas y cortantes, que es exactamente la razón de que exista el vidrio de seguridad. El laminado se agrieta pero aguanta, porque las lunas siguen pegadas al butiral.

    Concluyente, y destruye la prueba. Útil cuando la luna ya está rota y hay que averiguar qué se colocó; no es una prueba que se elija.

El termoendurecido es el caso incómodo. Se enfría más despacio que el templado, así que enseña el mismo patrón con luz polarizada y tiene los mismos cantos trabajados, pero ronda la mitad de resistencia y rompe en trozos grandes en lugar de en granalla. No es un vidrio de seguridad. Las comprobaciones uno y cinco lo separan del templado; la dos, la tres y la cuatro no.

Por qué merece la pena dedicarle cuatro segundos

Donde el recocido no vale es donde una persona puede chocar contra el vidrio, apoyarse en él o caerse a través.

Puertas y los paños de al ladoVidrio de seguridad, templado o laminado, en la zona baja de la hoja y en las áreas contiguas
Paños fijos a ras de sueloVidrio de seguridad en la franja inferior de paños y mamparas
Barandillas y antepechosLaminado, porque aquí lo que importa es qué hace la luna después de romper, no antes
Mamparas de ducha y bañeraTemplado, y en la práctica siempre marcado
Vidrio en techo y cubiertasLaminado por la cara inferior, por la misma razón que una barandilla

En España el que manda es el CTE, Documento Básico SUA 2, «Seguridad frente al riesgo de impacto o de atrapamiento», que define las áreas con riesgo de impacto y exige una clasificación de resistencia al impacto según UNE-EN 12600 que depende de la diferencia de cota a cada lado del vidrio. Las alturas exactas de esas áreas y la clase que corresponde a cada caso están en el propio DB SUA 2 y conviene leerlas ahí antes de especificar nada, porque son la parte que cambia. Lo que no cambia es el principio: en un área con riesgo de impacto la pregunta no es si el vidrio aguanta, es qué hace cuando no aguanta.

Cuando el templado rompe sin que nadie esté cerca

Conviene saberlo antes de ponerse a buscar el punto de impacto, porque muchas veces no lo hay.

Una luna templada que se agrieta de noche y sin nadie en la habitación suele ser una inclusión de sulfuro de níquel. Una partícula microscópica que quedó en la masa se sitúa en el núcleo en tracción y cambia de volumen lentamente en servicio; cuando crece lo suficiente, agrieta la luna desde dentro. No necesita impacto, puede ocurrir años después de la instalación, y la granalla irradia de un punto situado en el cuerpo del vidrio, no de un canto ni de una marca de golpe.

Es poco frecuente, y no es algo que el instalador hiciera mal. La mitigación aceptada es el ensayo de Heat Soak conforme a UNE-EN 14179-1: se mantienen las lunas templadas en caliente durante horas para que la mayoría de las afectadas rompan en el horno en lugar de en el edificio. Reduce el riesgo, no lo elimina. Para vidrio en techo, y para cualquier sitio donde una rotura dejaría caer vidrio sobre personas, merece la pena exigirlo y merece la pena comprobar si se hizo.

El daño en el canto es la otra respuesta habitual. Una mella o un desconchón en el canto de una luna templada, hecho al manipularla o al calzarla a golpe en el marco, queda justo donde la tracción es mayor. Esas roturas sí tienen un origen visible, en el canto, y conviene descartarlas antes de recurrir al sulfuro de níquel.